Arresto San Pedro 2023

Mi querido San Pedro: ¿Tan difícil es? ¿Cuál es tu excusa este año? El año pasado llovía ¿Y éste? 

Pues no veo que llueva, gracias a Dios; aunque no nos vendría mal una buena ración de lluvia bien abundante, pero sin pasarse, cuando acabe esta Semana Santa. Toma nota que la sequía acecha. 

Cuando te despedí delante de mi casa el martes por la noche te dije que a los Almirantes no se les hace esperar; pero no escarmentamos, ni mis antecesores, ni yo (otro almirante en la lista de tus “víctimas”), ni mi Ayudante Mayor aquí presente y mucho menos tú por muchos arrestos que cargues a tus espaldas. 

También es verdad que no es cuestión de hacer de este retraso un mundo; ni calificar esta actitud recurrente tuya de cansina, ni siquiera de “grave por acumulación de faltas leves” que es una realidad contemplada en las normas disciplinarias de la Armada; una realidad que tú bien conoces y por la que pasaremos de puntillas. Más te vale. 

Es fácil comprender este retraso tuyo. Sé que no es por una sordera repentina y temporal ante mis serias advertencias del martes; o de tu obnubilada memoria tras esa cascada de sentimientos y contradicciones que han llenado tu alma y tu perturbado corazón durante la procesión del Santísimo Cristo del Prendimiento que acaba de terminar.  

Lo que ocurre es que, sencillamente, le has dado prioridad por encima de todo, y por encima de tus jefes a acompañar a tu Rey, a tu Médico, a tu Maestro, a tu Amigo por las calles de Cartagena. 

Comprendo que no era un franco de ría cualquiera. Comprendo que tenías una Misión que cumplir: la de dar testimonio ante tanto cartagenero devoto y tanta gente que ha venido a verte desde todas las esquinas de esta bendita nación que es España para ver a nuestro Señor procesionar y a ti acompañándole; lo que no hiciste en Jerusalén, por cierto, obligándote a parar aquí y allá para no desairar a vecinos y foráneos y corresponder a sus muestras de cariño y de devoción, haciendo lo que sabes hacer, confirmando a todos los cristianos presentes como miembros del cuerpo místico de Cristo y enseñando las puertas de su Iglesia al resto.  

Puedo comprender que todo eso es propio de ese corazón tan grande que todos tus compañeros de este Arsenal, donde vas a pasar encerrado una buena temporadita, conocen perfectamente. 

Lo sé, crees de todo corazón que ha merecido la pena; pues sí; ha merecido la pena ese acompañamiento al Santísimo Cristo del Prendimiento, porque has aprendido lecciones imborrables que, con el paso de más de dos milenios, nosotros los cristianos no terminamos de asimilar; llevamos muchos más años los cristianos pecando que tu procesionando. O sea que tampoco es cuestión de hacer un mundo de tu retraso y enfadarse más de la cuenta; puede que tengas más excusa tú que nosotros los aquí presentes. 

Pero tampoco puedo ser condescendiente, ni ablandarme en estos momentos en que la obligada ejemplaridad debe de prevalecer sobre cualquier otra consideración. No sería propio de un Jefe de Arsenal que se precie; no toca, pero lo que sí toca es la campana de este reloj que nos contempla ¿Pero sabes qué hora es?  

Como buen marino has de ser consciente de que a un “rendezvous” no se llega antes, pero tampoco después; y como buen Maestro de Arsenales también sabes que las órdenes solo se cumplen de una forma: bien. Y un trabajo bien hecho, una orden bien cumplida, lo es cuando se cumplen dos requisitos inseparables: el primero, un correcto desempeño, cosa que has hecho en tu destino como Maestro de Arsenales y también en la magna Procesión de esta noche. De eso dan fe todos los que te han acompañado esta noche hasta la puerta de este Arsenal de Cartagena al son del pasodoble del Gallo. 

El segundo requisito lo conoces perfectamente: cumplir las órdenes a su debido tiempo, cosa que no has hecho. Este más que centenario reloj que nos contempla no miente. 

Tampoco puedo olvidar que el año pasado te lo recordé y este año no tengo más remedio que preguntártelo de nuevo porque estoy al ladito, estamos al ladito ¿Es que no lo ves? ¿No ves ese “cartelico” de la entrada? ¿Qué dice una de sus primeras frases? “aquí la más principal hazaña es obedecer”. 

En definitiva, mi querido San Pedro, tocayo de mi alma, es la segunda y última vez que me lo haces, y no me equivoco. El año que viene será otro Almirante el que te aguante y no un servidor. 

Se mezclan en mi corazón sentimientos de enfado, de reprimenda, pero también de comprensión y de ganas de excusarte porque tu misión no era fácil. Reconozco que tus méritos superan tu indisciplina. Y reconozco también la tremenda influencia en mi decisión que han tenido las palabras de la Pregonera.  

Pero, insisto, lo cortés no quita lo valiente; ya puede decirme también el Ayudante Mayor lo que quiera, que desde este preciso momento debes de considerarte arrestado y privado de franco de ría hasta el 26 de marzo del año que viene. Y punto. Te toca trabajar como siempre lo has hecho con competencia, con diligencia y con tesón; y también reflexionar con el mismo tesón para que no vuelva a ocurrir. 

Ahora te presentas la Oficial de Guardia; mañana, en el ejercicio de tus derechos, alegas al Ayudante Mayor lo que consideres oportuno y el lunes de Pascua será otro día. 

No obstante, caballeros porta pasos, “sampedristas” todos ¡VIVA EL SAN PEDRO! 

 

Almirante Jefe del Arsenal Militar cartagena.
Pedro Luis de la Puente García-Ganges